JUAN CARLOS DO-CAL, UN HOMBRE DE CABALLOS

Publicado por Lali Gómez en Blog de Central Hípica

ENTREVISTA a JUAN CARLOS DO-CALMe da la sensación que Juan Carlos Do-Cal no sabría hacer ninguna cosa que no estuviera relacionada de un modo u otro con el mundo de los caballos o de los perros. Lo lleva en la sangre, es lo que ha vivido y con lo que siempre ha crecido y así se desprende de las más de dos horas que estuvimos conversando. Y ahí os dejo una frase Do-Cal en estado puro: “Lo primero que hay que hacer en este deporte, es aficionar al padre porque aficionar al niño es relativamente fácil. Si el papá apoya, todo sigue adelante, en cambio, si el papá no apoya se acaba la afición. Lo más importante es que el sponsor disfrute”.

Y desde que te esponsorizaban a ti, ¿ha cambiado mucho la competición?

Sí, se ha cambiado la altura y los obstáculos muy armados de antes por las dificultades técnicas de ahora. Hoy no se trata de saltar muy grande porque ahora las calles se ponen a media distancia. Tú puedes decidir dar tres o cuatro galopes o seis trancos, calles largas y combinaciones…

Y en este sentido, ¿crees que la gente galopa más que antes?

Hay que galopar porque en Europa a este nivel toca. De hecho, en el campeonato de España de Jóvenes Jinetes todos los caballos que había en la pista fueron penalizados por exceso de tiempo. Los pusieron apretadísimos para que la gente aprenda a galopar.  Se trata de galopar a todo lo que dan los caballos

Como entrenador, ¿qué prefieres entrenar a un chico o a una chica?

Sin lugar a dudas al que más afición tenga,. Luego es muy importante el feeling, la sensibilidad hípica, que hay niños que lo tienen y que es muy fácil entrenar y hay otros que no lo tienen y cuesta más entrenar para conseguir algún resultado.

¿Se aprende?

Sí, se llega a aprender. El que no tiene facilidad lo consigue a base de constancia pero le cuesta veinte veces más que el que tiene la facilidad…, como en cualquier otro deporte. Necesita un tipo de caballo que supla sus carencias y lo ayude.

Entonces, ¿prima más el caballo que el jinete?

Esto es siempre la misma pregunta. Lo importante es el binomio. Un caballo regular súper bien montado, saca unos resultados que un súper caballo mal montado no los tiene. O sea, que esto es un tema de dos: cuando funciona, funciona.

¿Luego, qué es más importante un caballo o la cabeza bien amueblada?

Lo importante es tener un caballo con la cabeza bien amueblada, je,je, je

¿Y el jinete qué?

¡El jinete no cuenta aquí, el jinete viene después porque el caballo debe tener calidad!

Si tiene calidad es mucho más fácil, un chucho es un penco y lo será toda la vida. Ahora bien, un caballo bueno se puede convertir en un penco si el jinete no tiene la cabeza bien amueblada si lo estropea, si le da golpes, si lo asusta. Son preguntas muy difíciles de contestar porque nunca es verdad casi nada, je, je, je porque luego resulta que te tropiezas con un jinete malísimo que encuentra un “caballucho” por allí y de pronto lo ves que gana y no sabes por qué.  La única respuesta es que el binomio funciona: ¡Ni el caballo es bueno, ni el jinete es bueno pero entre los dos se han compenetrado!

¿Qué edad es la mejor para empezar a funcionar saltando?

Bueno, en realidad, lo que está claro es que el que quiera llegar a cierto nivel en este deporte tiene que haber empezado de niño. Y hoy lo necesario es empezar con ponis. Si tienes ponis A te pones a montar a los 6, 7 años, con los B 10, 12… C hasta los 16!

¿Aquí la gente se anima a competir o no?

Cada vez más. Para nosotros, los profesionales, la única manera de sobrevivir en esto es creando competición, porque el niño que compite tiene que trabajar los caballos, tiene que montar y recibir clases. El niño que pasea, que viene los domingos a pasear su caballo, no genera negocio, sin embargo, el niño que compite obliga a las familias a tener la equitación como norma.

¿Y los ponis van a ir a más?

Yo soy el que primero traje ponis en este país porque fui con una alumna al campeonato de Europa a Irlanda en el 86 o por ahí y al lado del concurso hípico había una show para ponis. Porque el poni en España era un animal pequeñito con mala leche que tenían en los picaderos que mordían, que daban patadas y que no estaban domados. Y fui a ver el show de ponis y me impresionó ver como todos los niños disfrutaban. Les daban a todos un premio de presentación. Había toda una calle donde había 50 ponis atados y todas las niñas les ponían trencitas de colores, crema en los hocicos, en la cola, que queda todo brillante que parece charol. Impresionante! Las niñas llevaban los pantalones de chándal encima para no mancharse los pantalones de montar.

¿Y decidiste traer los ponis para Barcelona?

De hecho, yo en aquella época compraba muchos caballos en Irlanda y cada vez que me traía un camión de caballos metía dos, tres o cuatro ponis. Empecé a dar clases con ponis aquí en España donde sólo existía un Pony Club que se llamaba Pony Club La Moraleja y en este pony club yo llevé ocho niños montados en ponis en el campeonato de alevines. Sólo había un poni que saltaba y que se llamaba Calvados. Allí empezó lo de los ponis en España, al cabo de los años ya hubo Campeonatos de Ponis en España.

¿Cómo lo ves ahora?

¿Puedo ser crítico? Porque voy a ser crítico…Creo sinceramente que el mundo del pony es España está equivocado. Porque sólo yo, quiero decir, sólo los profesionales sabemos lo que cuesta aficionar a un papá. Este papá compra un pony, paga un profesor, paga un transporte, paga una matrícula, paga un hotel y paga un profesor para ir a un campeonato de España y cuando llega el campeonato de España resulta que en cada campeonato tiene un jefe de pista distinto.   Yo pienso que un jefe de pista tiene que ser especialista en ponis porque entonces no sabes nunca como va a ser un campeonato de ponis, depende siempre del jefe de pista. Yo sinceramente pienso que los ponis A, B y C deberían de ser promocionales… que quiere decir que si corren 100 niños en ponis C tendrían que llegar 80 a la final con ceros porque el papa se divierte, el niño no llora y todo es felicidad y luego el último día que gane el mejor.

¿Y aquí no pasa esto?

Aquí no es así, aquí llegas a un Campeonato de España como el último que fui yo que era el de Badajoz y me encontré con un jefe de pista que puso de número 3 un oxer de tablones blancos con una pantalla de olas negras debajo se eliminaron 40 ponis de los cien que corrían. Todas aquellas familias estaban con el niño llorando, las mamás a 40ª bajo la sombra… un drama, esto es un atraso porque yo sé lo que cuesta llevar el papá hasta allí y tienen que divertirse. Yo no digo que salten por debajo de la altura, pero que lo hagan con todas las facilidades, poner un  recorrido de metro con ganas de que salten y no poner cepos complicados porque si no se deja en la cuneta a un montón de futuros jinetes y eso no hay nadie que lo diga y es una barbaridad. Se trata que si bajan 300 niños al campeonato de España que 270 los eliminen el último día no me importa, pero al menos han corrido los días anteriores pero si se eliminan al primer día acabaran por ir a jugar al tenis porque dejan de divertirse.

¿Luego…?

O aficionas al papá además del niño y se lo pasan bien todos. Cuando hay grupo hay caliu y si hay caliu se crea afición. Además cuando un papá compra el primer pony los demás se pican y acaban comprándolo también. Buen ambiente

¿Y hasta que edad se puede competir?

Mira ahora tengo yo un caballo… Zurbarán se llama, que ha puesto a domar y a saltar Pichi Martínez de Albornoz, un militar que en este momento tiene 78 años. Esto quiere decir que con 76 se montó en el potro, empezó a saltarlo y ahora que el potro tiene 6 años lo tengo yo y nos lo ha dejado corriendo 1,10 con 78 años.

Convénceme que debo aprender a saltar…

La felicidad, la adrenalina, el control, el autocontrol… Debes empezar a saltar bien dirigido porque lo importante es que los primeros saltos sean con el caballo adecuado, la altura adecuada e insisto, bien dirigido, porque los malos principios seguro que pueden haber llegado a estropear miles de grandes jinetes.

Si se empieza a montar en una hípica de por allí donde el profesor no sabe, entonces dan un salto y ¡pum! al suelo y después este aficionado deja de montar.

O bien, como estas hípicas de costa de mi juventud de aquellas en que se alquila un caballo. Es respetable porque es un negocio pero, de hecho, le hacen un daño tremendo a la equitación porque un señor que no ha montado nunca, monta en sandalias y se lo llevan una hora por el campo. Seguro que no vuelve a montar en la vida porque llega llagado, dolorido con las chanclas echas polvo, en fin, que las cosas están para hacerlas bien.

Sin embargo ¿todos empezamos así no?

Sí, pero hoy es totalmente distinto. Por cualquier lado ya hay gente que se entera, que ya sabe lo que es un caballo y lo que es un poco la equitación moderna. Es decir, pie a tierra el profesor también tiene que saber.

¿Y los cursos de formación?

Yo veo estos cursos que está dando la Generalitat de Catalunya para ser monitores en un año. Está muy bien que a los jinetes les enseñen a montar y todo esto, orientación en el campo, etcétera…todo es interesantísimo, pero yo creo que hay una asignatura que no se enseña que es la psicología equina aplicada. Lo más importante que tiene que tener un profesor es el conocer cómo va a reaccionar el caballo que le da al alumno. Cuando el profesor conoce el caballo es facilísimo sacar niños adelante.

¿Entonces dónde debería pivotar la educación?

Lo más importante para mí es conocer el caballo porque sabes que éste con aquel se lleva mal y da patadas, el otro que se para y cae el niño al saltar, cuando conoces el caballo le puedes dar el caballo apropiado al niño. Y eso es lo que no se enseña: PSICOLOGIA. Esto sólo se consigue con años de ver caballos de estudiarlos…¡Es importantísimo y no se hace! Se les da un curso que dura un año y después se les da un título y luego ya aprenderán a base de trabajar pero bueno…

¿Quien te ha enseñado en el mundo de la equitación?

Soy autodidacta totalmente. En mis principios hípicos tuve a Severino Pons de profesor, luego a Andri de Calatayud y mientras iba intercalando cursillos y stages con Pessoa. Luego, ya en la competición, cuando salía por ahí a correr tenía siempre el amigo Zambrano que siempre me echó unas manos tremendas para esto.

¿Y cuándo empezaste a montar que caballos llevabais?

En mi juventud se montaba con trotones mallorquines. Se iba a Mallorca a comprar trotones y a lo mejor eran concursos de 40 caballos, no de 300 como ahora y en esos concursos había mucho trotón y caballos militares de la yeguada militar. En un concurso el 80% eran militares y a nosotros nos llamaban casacas rojas porque los militares iban de militar y nosotros andábamos con la chaqueta roja; como éramos menos destacábamos más.

¿Echas de menos alguna cosa de aquella época?

Bueno lo que echo en falta es al Zambrano que el pobre se murió, pero de aquella época lo cierto es que era otro tipo de concursos. Éramos una familia, éramos muchos menos y salíamos a cenar juntos e íbamos a la playa todos. Eso ahora se ha perdido porque se han masificado los concursos, hay más jinetes y cada uno va a su bola. Te encuentras en la pista para saltar y luego adiós muy buenas.

¿Algún recuerdo hípico?

El teniente coronel Andujar saltando en el internacional de Barcelona con una yegua que se llamaba la Zumaya, una pura sangre de la yeguada militar que era tremendamente histérica. Atacaba los saltos a dos velocidades, piensa que el Gran Premio de BCN tenía siempre el mismo recorrido: ría y doble de oxeres en una dirección y en la segunda vuelta, era al revés. Había que ver aquella yegua con Andujar encima, militar laureado, división azul y, desde luego, había que ser todo esto para montar esa yegua, porque daba la triple barra y entraba en aquel doble de oxeres del Gran Premio a 1,60. ¡Era espectacular ver como aquel hombre pasaba por encima!

Y una anécdota desagradable fue la muerte del teniente coronel Orbe que se mató saltando en el Club de Polo y yo salía en el caballo después de él. Llegó mi turno y yo salté el obstáculo donde él se mató cosa que me impresionó para toda la vida. Al año siguiente, en el Internacional del 68, se hizo una prueba en su honor que tuve la suerte de ganarla con Royal Dressage.

¿Antes erais pocos pero que pasaría si se masificara este deporte?

Esto sería estupendo pero no es posible por el coste que supone. Hay una diferencia tremenda entre otros países y nosotros. Tú vas a Francia, Holanda, Bélgica, Alemania y ves que todo el mundo tiene los caballos en su casa, en la urbanización donde las parcelas son quizá un poco más grandes. Hay unas pistas en cada zona donde se pagan unos dineritos para usarla y montar. Aquí en España pones tu caballo en una urbanización y a la mañana siguiente la Guardia Civil ¡te pone preso!

En realidad, es otro montaje, no tiene nada que ver porque el montaje de club o de hípica es muchísimo más caro y al ser muchísimo más caro pues eso recorta las posibilidades de engrandecer el deporte.

 

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